El 19 de septiembre volvió a mostrar todas las caras de México. La cara de tragedia y resignación frente a la fuerza de la naturaleza. La cara de solidaridad con quienes perdieron algo o todo. La cara bandida y corrupta de los bandidos y corruptos de siempre. La cara de dolencia y rabia de los honestos frente a esos bandidos corruptos. Su cara más bonita, la de un México unido como nación, una potencia posible en manos de su gente, donde las castas políticas estorban. Por un día, y por pocos días, la galopante indiferencia cedió. A la gente le dolió, se involucró, tendió una mano y dio de lo poco o lo mucho, de su comida, su sangre, sudor y lágrimas. Ojalá nos dure un rato, unos días, unos años, unas vidas. Fuerza México.

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